Campeonatos de Europa de Atletismo – Oslo 1946

Cuarta entrega sobre la historia de los Campeonatos de Europa de Atletismo publicados por la RFEA en el año 2009

Tras el paréntesis provocado por los siete largos años de la Segunda Guerra Mundial, el Campeonato de Europa de atletismo retomó su celebración en el Estadio Bislett de Oslo entre los días 22 y 25 de agosto de 1946. La contienda armada tuvo importantes secuelas también en nuestro deporte y provocó la no participación de Alemania, un discreto debut de la Unión Soviética con sólo cinco medallas y el dominio en el medallero de Suecia, que durante la Guerra se había mantenido neutral y que logra nada menos que 22 medallas (11 de oro, cinco de plata y seis de bronce), mientras que en categoría femenina el gran triunfador fue la Unión Soviética con cinco medallas de oro. El nivel general de marcas fue discreto, motivado obviamente por el parón bélico.

Dos de los grandes triunfadores fueron el finlandés Viljo Heino, que se impuso en una magnífica carrera de 10.000 metros y la holandesa Fanny Blankers-Koen que obtuvo su primer gran triunfo internacional en la prueba de 80 metros vallas. Heino realizaba una impresionante cabalgada en solitario desde el sexto kilómetro no dando opción a sus rivales, precediendo en la línea de meta a su compatriota Perala y al húngaro Csaplar para marcar un registro de 29:52.0, segunda mejor marca de todos los tiempos sólo por detrás de su propio récord mundial (29:35.4). Por lo que respecta a Blankers-Koen llegaba al Bislett con la idea de doblar la prueba lisa y en el relevo pero una inoportuna lesión le impidió llegar a la final de la primera carrera. No obstante, aún pudo hacerse con la victoria en las vallas con un registro de 11.8 y también contribuir a la victoria de su país en el relevo 4×100 metros. Otra de las grandes estrellas presentes en el estadio de la capital noruega fue el italiano Adolfo Consolini, plusmarquista mundial de lanzamiento de disco, que a pesar de la oposición de los delegados noruego y belga, que pidieron su exclusión por su actividad durante el régimen fascista italiano, consiguió una clara victoria con 53,23 metros.

Como hemos citado en la introducción los grandes triunfadores fueron los atletas suecos. A pesar de que este país no pudo contar con sus dos grandes estrellas, Gunder Hägg y Arne Andersson, descalificados el año antes a perpetuidad por profesionalismo, presentó un equipo muy equilibrado y potente. Entre sus victorias podemos destacar la de 1.500 metros, a cargo de Lennart Strand, que se impuso en el sprint a su compatriota Henry Eriksson o la de Hakan Lindman, que cambió la medalla de plata de 1938 por la de oro en la prueba de 110 metros vallas con un registro de 14.6. Igualmente el país nórdico dominó casi por completo los saltos, imponiéndose en altura con Anton Bolinder (1,99 metros), pértiga con Allan Lindberg (4,17 metros) y salto de longitud con Olle Laessker (7,42). La única excepción fue el triple salto, en el que dominó otro nórdico, pero en este caso finlandés, Valdemar Rautio con 15,17 metros. Las preseas doradas de los suecos se completaron con el triunfo de Rune Gustaffsson en 800 metros (1:51.0), con el doblete en marcha a cargo de Mikaelsson, que se impuso en la prueba de 10km, y de Ljunggren, vencedor en los 50km, el triunfo del relevo 4×100 metros y las victorias de Bo Ericsson en martillo y Atterwall en jabalina.

La edición de Oslo fue también la primera en la que el himno de la Unión Soviética sonó por primera vez en honor a un atleta de ese país. Concretamente Nikolai Karakulov, que según algunos testigos robó la salida, se impuso en los 200 metros con un nuevo récord nacional de 21.6. Más notorio fue el dominio de las soviéticas en la categoría femenina donde consiguieron nada menos que cinco medallas de oro. La atleta de origen ucraniano Yevgeniya Sechenova realizó un magnífico doblete en 100 y 200 metros con registros de 11.9 y 25.4 y las atletas de este país coparon las tres especialidades de lanzamientos gracias a Sevriukova en peso (14,16), Dumbadze en disco (44,52) y Mayuchava en jabalina (46,25 metros).

Para terminar, y aunque todavía quedaban cuatro años para que España hiciera su debut en la máxima competición continental, podemos citar el curioso precedente de Rafael Pujazon, un atleta nacido en Huelva que emigró a Francia en su infancia tras morir su padre en las minas. Este excelente fondista dominó con claridad la prueba de 3.000 metros obstáculos con un registro de 9:01.4, precediendo a los suecos Elmsater y Sjostrand. Aunque obviamente la medalla subió al casillero francés podemos citar que fue el primer caso de un atleta nacido en España que pisó el pódium en unos Campeonatos de Europa.